Vamos en coche hasta el punto de partida por una preciosa y estrecha carretera de montaña en la que para cruzarse dos coches hay que detenerse y buscar una zona más amplia, qué sensación más increíble circular entre abetos enormes, de un verde oscuro absolutamente vivo
. Llegamos a una zona para aparcar y allí empieza un sendero descrito por un tríptico de la ciudad no del todo verazmente, de hecho no hace referencia a la interminable pendiente que tienes que salvar durante cerca de una hora y media para llegar al tampoco mencionado final.
No exagero, subimos el primer tramo del Col de Voza llenando nuestros ojos con paisajes espléndidos y con ganas de más decidimos ampliar la ruta con una subida a lo que las informaciones llaman Bellevue.
Retomo aquella teoría de cómo caminar que le explico a mi hija cada vez que salimos, la de poner un pie detrás de otro, automáticamente, sin pensar en la meta, dejar que el cuerpo funcione solo, respirar, respirar.......qué difícil a veces.
Después de un tiempo que se hace largo conseguimos llegar al final, pasando por las estaciones del Tranvía de Mont Blanc el Col de Voza y Bellevue, dos últimas estaciones previas a Nid d'Aigle, Nuestra meta se encuentra a 1800m y lo que allí nos espera es una preciosa y grandiosa vista del Glaciar de Bionnassay que nos espera solitaria, sin aglomeraciones, entre las nubes, espléndida y majestuosa.
La vuelta, obviamente, mucho más accesible, rápida también, con esa pendiente que te obliga a tensar músculos que luego se quejarán del esfuerzo para no caer rodando. El cuerpo feliz del logro, cansado de nuevo de ese cansancio consciente y elegido por nosotros. Estupendo colofón para una semana corta pero intensa.